Optimizar el control horario de los trabajadores es algo que beneficiará a ambas partes. Tanto empresarios como empleados, verán inmediatamente lo provechoso que resulta disfrutar de una buena planificación horaria. Para la empresa, porque esta optimización traerá un mejor rendimiento y mayores cotas de productividad. Para el empleado, las ventajas se traducen en una mayor conciliación entre la vida laboral y familiar y una jornada de trabajo menos estresante.

3 consejos que ayudan a optimizar el control horario de los empleados

1. Identificar y evitar los abusos en la programación

Optimizar el control horario de los empleados es algo que afecta a dos partes: el empresario y el trabajador. Los beneficios, por tanto, son mutuos. Pero también podrían serlo los abusos de la programación horaria.

Cuando hablamos de “abusos”, hemos de meter en el tema a ambas partes, ya que por los dos lados se pueden identificar prácticas que pueden perjudicar seriamente al contrario.

Por la parte de los trabajadores podríamos identificar una serie de comportamientos susceptibles de ser calificadas como mala praxis laboral:

  • Solicitud constante de cambios de horarios que afectan a lunes o viernes
  • Solicitar salir antes del trabajo varias veces a la semana
  • Permutas con otros trabajadores para conseguir puentes y otras deferencias
  • Escabullirse, con modificaciones horarias, de la realización de tareas pesadas (inventarios, almacenaje…)
  • Negándose a colaborar cuando es imposible encontrar un sustituto para su falta de asistencia.
  • Solicitando cambios de última hora sin causa justificada.

Sin embargo, el empresario debe saber que esta no es la práctica común de los trabajadores y que los empleados suelen querer hacer bien su trabajo y mantienen actitudes positivas hacia sus horarios y la calidad de su compromiso con la empresa.

Si un empresario detecta este tipo de comportamiento en un trabajador, lo primero que se le aconseja es que hable con él en privado, para saber si el empleado tiene problemas personales, está pasando por un momento de crisis o una mala racha familiar o, si por el contrario, se puede identificar un abuso en su programación del horario laboral.

Por otro lado, también el abuso de programación puede llegar por parte del propio empresario y, en la mayoría de los casos, se trata de hacer filigranas para cubrir sus necesidades empresariales con la menor cantidad de personal posible, a cambio de ahorrar algún dinero en este apartado del presupuesto.

El problema llega cuando la plantilla llega a ser tan exigua para sus necesidades reales, que los trabajadores deben soportar una carga de trabajo que ya no les corresponde, puesto que en realidad están llevando la carga laboral que tendría que repartirse en dos o más empleados.

Está claro que nadie quiere tener exceso de trabajadores, pero la plantilla debe ser acorde a las necesidades de la empresa y  no puede ser tan escasa que, en este caso, sea el propio empresario quien se pase la vida solicitando horas extras de sus trabajadores o sometiéndoles a guardias que no les corresponde o pidiéndoles que salgan un poco después de su horario laboral o que vayan a trabajar en su día libre…

Como es fácil de deducir, según el comportamiento y sus causas, podríamos estar hablando de un problema de disciplina o de una auténtica carencia de programación. Si no es capaz de aceptar sus limitaciones y poner remedio, si trata un defecto de programación como si se tratara de un problema disciplinario o viceversa, podría costarle la pérdida de valiosos empleados.

No podemos consentir que los trabajadores falten a sus responsabilidades, pero aún menos que nuestro comportamiento sea abusivo con los empleados.

2. Saber cómo comunicar su horario

No seamos dictadores con nuestros horarios. Será mucho más difícil para todos y creará un peor ambiente laboral, si los trabajadores no entienden el cómo y el por qué de nuestra programación horaria. De hecho se podría crear un clima enrarecido que no beneficiaría a nadie.

Aprovechemos las reuniones de trabajo o los comunicados para hacer partícipe al trabajador de las vicisitudes de la planificación del horario laboral de la empresa. No tengamos miedo a contarles por qué el próximo fin de semana tendrán que venir a trabajar o por qué es necesario contar con más personal en el turno de mañana o por qué es precisa una guardia imprevista.

Debemos ser capaces de llegar al empleado y permitir que sepa por qué su horario es como es, cómo funciona y, cuando se realiza un cambio en su horario, a qué es debido. Mostrarles el cuadro general, con mayor amplitud de miras, les permite comprender mejor su trabajo, el funcionamiento de la empresa y cómo la labor de todos afecta al negocio.

3. Facilitar la tarea al empleado a la hora de pedir cambios de horarios legítimos

¿Es muy difícil para uno de nuestros empleados solicitar un cambio de horario? ¿Tiene que enfrentarse a un montón de preguntas, como si les sometiéramos al tercer grado? ¿Ha de oír cómo se le acusa de dejado o cualquier otro calificativo similar? En ese caso, lo estamos haciendo muy mal.

A no ser que estemos tratando con un trabajador que ha tomado por costumbre abusar sistemáticamente de los cambios de horario, nuestra labor debe ser facilitar, en la medida de lo posible, esos cambios que solicita el empleado. Nunca olvidemos que, si no afecta a la calidad del trabajo, todo lo que contribuya a crear buen ambiente laboral va a redundar en beneficios y productividad para la empresa.

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